Crítica . Revista Veintitres . Luis Mazas
¿Casandra y Lizzi en la isla de Lost?
Risa, bizarría y cine de oro
* * * * MUY BUENA
Los yacarés hacen bien, se comen a su cría”, dispara contra su hija el rencor de Joan Crawford en Mildred Piece (en Latinoamérica El suplicio de una madre), film negro de 1945. Gimena Riestra retoma el malvado comentario, el desmelenado subtítulo, para una comedia circular, hecha de situaciones desopilantes y alusivas.
Cariño yacaré es un efectivo “melodrama con trazos musicales” (dos veces melodrama), que dispara contra aquel irritante gusto del cine de los ’40-’50 por cantar y danzar de súbito y sin lógica suficiente. Todo en isla desierta, 2ª Guerra Mundial; con “mamita querida” egoísta y frívola a medio tiempo; decadente “superstar” a tiempo completo. En ensamble, hijita con autoestima baja y zapatos de Judy Garland de El Mago de Oz. Una humorada sin freno, con condimento de telenovela en español o castellano neutro, sembrada de guiños a Manuel Puig y otros fans del “Hollywood de oro”. En Cariño yacaré, Riestra se enfunda el rol de estrellita opacada por su madre siempre diva, otra vez en dúctil tándem con Noralih Gago.
El director Juan Parodi juega con soltura la bizarría sobre el estilo de sus actrices, e imprime, si no el mejor, un sostenido ritmo, apoyado por la sugestión de escenografía, iluminación y vestuario, evocativos. Un Cariño… redondo, que celebra con desenfado a la nostalgia en complicidad perfecta con el espectador adicto.
http://www.elargentino.com/nota-64770-Casandra-y-Lizzi-en-la-isla-de-Lost.html
Crónica escrita por Carlos Diviesti

Cassandra Lange y su hija Lizzie sobrevivieron a la guerra desatada en Hollywood y alrededores refugiándose en un pantano del sur, sitio donde nadie podrá encontrarlas (si es que alguien las busca) y donde podrán ser felices (si la representación se los permite). Cruza bizarra entre El ocaso de una vida (o Sunset Blvd., tal su título original) con ¿Qué pasó con Baby Jane?, CARIÑO YACARÉ podría haber sido apenas un divertimento pero si no lo es, y si por momentos se yergue mayestático (como diría Corín Tellado) sobre el escenario, se debe a que el trío de creadores que lo lleva adelante saben tanto de humor como de teatro. Juan Parodi dirige este espectáculo poniendo el acento prosódico en la actuación, y consigue separar a Gimena Riestra y a Noralih Gago de la tentación paródica porque construye sus personajes con retazos de imágenes perdurables del Hollywood en technicolor y del Hollywood en castellano que recibimos a partir del doblaje. El tono impreso al relato remite al de esas películas Clase B que se hicieron durante la Guerra Fría (El día que paralizaron la Tierra por ejemplo) lo que favorece la aparición de las canciones como si fueran esos monstruos de hojalata que aparecían en tales películas, recurso placentero por un lado y certeramente metafórico por el otro. Al final uno se queda pensando si la vida representada no es mejor que la vida real, o si la realidad no es a la vez una representación de nuestros deseos. Gimena Riestra y especialmente Noralih Gago debieran ocupar un lugar mucho más alto que el que ocupan actualmente; más que una frase admonitoria es el mejor halago que puedo ofrecerles.
http://blogesquinapeligrosa.blogspot.com/
Blog de la esquina peligrosa
Crónicas teatrales escritas por Carlos Diviesti
Diario Crítica de la Argentina

Seleccionada para el Festival Internacional de Buenos Aires, con varias nominaciones a los premios Clarín y a los Trinidad Guevara 2008 (de los que ganó en el rubro Escenografía), se repuso Cariño yacaré, el melodrama musical escrito por la actriz Gimena Riestra, dirigido por Juan Parodi y las actuaciones de la misma Riestra y Noralih Gago, la aclamada Concha del Río del Anfitrión Cabaret.En un pantano tropical, una madre y su hija viven el exilio de la fama. Con su bata de raso, la boquilla y el peinado platinado, una es Casandra Lange, alguna vez estrella de Hollywood, inspirada en las divas de los años 40 y 50 al estilo de Bette Davis y Joan Crawford en ¿Qué pasó con Baby Jane? o a Gloria Swanson en El ocaso de una vida. La acompaña Lizy, con rizos a lo Shirley Temple y vestidito para la misa, producto de alguno de los tantos amoríos de esa madre hembrón que la victimiza con su egolatría y su pasado célebre. La anécdota es mínima: lo que importa en la puesta de Parodi es el cruce entre estas dos humoristas brillantes que construyen sus personajes en diálogo con el cine clásico, la literatura de Manuel Puig y el imaginario de folletín, con mujeres terribles que esconden hondas frustraciones y niñas que envejecen mirando romances ajenos, con el fondo de música incidental típica de esos filmes en blanco y negro. Las actrices cantan en vivo, hablan como salidas de los doblajes aprendidos en Sábados de superacción o El mundo del espectáculo y le hacen guiños a las frases de las tías. La trama de la obra se mezcla con la de las películas de Casandra, habladas en inglés y subtituladas en una pantalla, que siempre terminan con el saludo de feliz año nuevo, el brindis y mutuos “te quiero”. No estaría mal que apareciera un príncipe, pero no existen o fueron ahuyentados, con tantos peligros allá afuera y una mami que reclama devoción. Porque en definitiva, en Cariño yacaré, no hay glamour más decadente, pasión más dramática ni humor más negro que el que surge de la relación entre madre e hija.http://criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=31594
Crítica Portal Criticunder
Calificación: ★★★★
por Miranda Trincheri
Esta obra, creada por Gimena Riestra, recupera y rescribe dos de los elementos con que Manuel Puig trabaja en The Buenos Aires Affair: la relación madre e hija y el esplendoroso cine de divas fatales de los años 50´. Uniéndolos en un combo melodramático de canciones y sentimientos encontrados, la suma de los factores altera el producto, lo desnaturaliza, pero sin alejarlo demasiado de la cotidianeidad. Casandra Lange (Noralih Gago), una estrella hollywoodense un poco venida a menos, y su hija Lizzy (la misma Riestra) se encuentran en algún lugar pantanoso de los Estados Unidos, lejos del brillo de las marquesinas. La relación entre ellas, va más allá de la presunción misma de que toda estrella ha tenido una relación conflictiva con sus hijos, y su vínculo, su mirada, está centrado en un terreno más susceptible de sinceridad, entendimiento y amor incondicional. Mientras pasan el tiempo ahí, ensayan algunas escenas, cantan y bailan -sin que necesariamente quede muy claro para qué lo hacen- a la vez que repasan sus vidas y sus amores. Todo esto, con una realización escenográfica plástica y poderosa que con pocos recursos logra una variedad de imágenes a través de unos pocos cambios que operan las luces y las propias actrices. Las interpretaciones, bajo la dirección de Juan Parodi, remedan también el estilo de actuación de la época con el añadido de un acento típico de doblaje de español neutro tal y como si las estuviéramos viendo por un canal de televisión abierta. Asistimos entonces a una obra hecha de retazos -de cine, de café-concert, de tele, de show musical, de literatura- que encuentran su hilo conductor en el vínculo jugado de manera histriónica y desaforada a la vez que humana y sutil logrando que nos emocionemos con diversión y melodía.
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http://criticunder.blogspot.com/2009/10/carino-yacare-esa-intrincada-relacion.html
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4 nominaciones Premios Trinidad Guevara
2 nominaciones PREMIOS CLARIN
"MEJOR AUTOR NACIONAL "
Nota a Juan Parodi

Brillos y miserias del show
Por Cecilia Hopkins

Junto a Berta Goldenberg en Fotos de infancias, de Jorge Goldenberg, Juan Parodi ya había experimentado la dirección de un grupo de actores que interpretaba un texto generado a partir de sus propias vivencias. Ahora, junto a las actrices Gimena Riestra (Yo, la peor) y Noralíh Gago (Solita para todo), el director vuelve a realizar en Cariño Yacaré un nuevo trabajo de intercambio artístico, al que suman sus aportes el iluminador Ricardo Sica y la escenógrafa Gabriela A. Fernández. Si bien Parodi se reconoce volcado hacia el humor y el desborde emocional, no acierta a definir una estética propia: “Estoy en una búsqueda constante y esto me ha llevado a abrevar en Roland Barthes como en la biografía no autorizada de Liza Minelli, a inspirarme en Mina como en Ramona Galarza”, afirma en una entrevista con PáginaI12. “Mi creación artística es inestable, como las emociones”, concluye.
A las dos actrices, habituales intérpretes de unipersonales gestados por ellas mismas, el director las conoció durante la larga temporada que cumplió El 3340, un espectáculo de cabaret que condujo en el bar del teatro Anfitrión. Sin pertenecer al mismo género, el nuevo montaje tiene a la música como protagonista, cantada en vivo en algunos casos pero siempre inspirada en temas de décadas pasadas. La obra, que debe su nombre a las palabras dichas por Joan Crawford en la película El suplicio de una madre, cuando su personaje admite que “los yacarés hacen muy bien en comerse a sus crías”, presenta la relación entre una ex actriz de Hollywood y su pequeña hija, alrededor de los años ’50, pero en un tiempo ficcional: ambas sobreviven en un paisaje pantanoso al que llegaron huyendo del bombardeo del que fueron objeto los grandes estudios de Los Angeles. Entre totoras y mosquitos, las dos mujeres sueñan con un golpe de suerte que les cambie la vida. La obra -–que puede verse los viernes en el teatro Payró– sintetiza, según Parodi, “dos mundos opuestos que conviven: el encanto y la frivolidad de la industria cinematográfica, y la situación precaria y desamparada en que se encuentran una madre y su joven hija”.
–¿Cuáles son los aspectos que más le interesan del cabaret?
–Es un género que permite una atractiva hibridación de diversas técnicas o recursos, e incluso una fusión de artistas rica y variada. Me atrae mucho la situación teatral atravesada por la música: en Cariño Yacaré conviven las canciones cantadas en vivo por las actrices junto a la música incidental que remite directamente al metabolismo hollywoodense de la época. El cabaret siempre da la posibilidad de una mirada crítica y actual que lo aleja de cierta aparente frivolidad. Me interesa además conservar cierta pátina de decadencia o cierto esplendor deshilachado que arrastra desde sus orígenes.
–¿Como fue dirigir a dos actrices tan acostumbradas a la autodirección?
–Intento escuchar y compartir, abrir el juego y aceptar al actor como un artista creador de un universo poético que puede aportar y enriquecer el trabajo del director. Juntos tuvimos un proceso de trabajo de un año, sin perder de vista los roles de cada uno, pero discutiendo y compartiendo criterios estéticos.
–¿Cuáles son las referencias cinematográficas y literarias de esta obra?
–El cine hollywoodense, sobre todo el de los ’40 y ’50. La primera película que vimos fue una, de la cual soy fanático: Qué fue de Baby Jane, con Bette Davis y Joan Crawford. También vimos películas como Mañana lloraré, Gilda, El ocaso de una vida o La dama de Shanghai. Releímos a Manuel Puig en The Buenos Aires Affair, Cae la noche tropical y La traición de Rita Hayworth, textos de Henry Miller y Antonio Porchia y hasta definiciones de ciberenciclopedias, que se convirtieron en material dramático.
–Esta obra apuesta al desborde emocional. ¿Que pasa con las emociones en nuestro teatro, en general?
–A mi entender, la emoción es el resultado de un proceso personal e intransferible. Produce una reacción, un movimiento, que agita nuestros sentidos, ideas, recuerdos. El campo teatral hoy es muy diverso, pero en general hay cierto pudor o miedo a manifestar las emociones. Esto ha generado muchas veces un teatro vacío, gélido, o demasiado “minimalista”. Y creo que el teatro, como nuestra existencia, necesita de cierto desborde, sin empañar, claro, las sutilezas vinculadas con las emociones estéticas, auditivas y visuales que consuman el hecho teatral.
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http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/10-11656-2008-10-15.html
La Nación Espectáculos
Hollywood bombardeado y supuestamente desaparecido. Atrás dejaron una vida de estrellas, de brillantes marquesinas. En realidad, la que dejó ese mundo de glamour fue Casandra, ya que Lizy, en realidad, lo padece porque le dio una madre egoísta, frívola e indiferente hasta la crueldad.Salidas -literalmente- de una película de los años 50, estas dos mujeres echan mano de un castellano neutro tan bien marcado y modulado que parece la traducción de un documental. Es sólo el primero de innumerables hallazgos que convierten a Cariño yacaré en un prolijo conglomerado de situaciones divertidas, desopilantes y sumamente originales que están apoyadas, sobre todo, en el trabajo actoral de Noralih Gago (Casandra) y Gimena Riestra (Lizy). Estas dos actrices toman en escenario y se lo devoran para placer de un público adicto que festeja y disfruta cada gesto. Casandra intenta revivir esos momentos perdidos a través de la recreación de grandes finales cinematográficos o de pequeños shows musicales, lo que les da la mejor excusa a Gago y a Riestra para desplegar sus otros talentos, ya que no sólo interpretan a sus criaturas con derroche de solvencia actoral, sino que bailan y cantan lo que les permite lucir sus tremendas voces.
Los diálogos entre estas dos mujeres, que no pueden con sus vidas y mucho menos con esa relación ambivalente que las une, le dan un ritmo ágil, contagioso y sumamente ocurrente.
El director, Juan Parodi, supo sacar provecho de sus dos actrices a la vez que potenciarlas. Y el trabajo de Gabriela Fernández, responsable de la escenografía y el vestuario, fue decisivo a la hora de redondear el universo casi irreal que habitan estas mujeres.
Verónica Pagés
CLARIN Espectáculos .
Noralih Gago y Gimena Riestra son, en escena, una madre y una hija glamorosas. En el fondo, están a la espera, ansiosas, de que alguien las rescate.

El glamour de la época dorada de Hollywood se estrella contra la triste realidad de la supervivencia. En el micromundo de un pantano, madre e hija se enfrentan con sus miedos, fantasmas y rencores y hacen lo que pueden para sostener sus ilusiones. Con esa materia prima, Gimena Riestra escribió Cariño Yacaré, una parodia -entre otras cosas- a los estereotipos hollywoodenses como Bette Davis o Joan Crawford. Y ubica a Casandra Lange, diva de la época y a su hija Lizzy, caprichosa y sufrida, en un islote al que llegan escapando de un inexplicable bombardeo a los grandes estudios de cine.Noralih Gago compone a Casandra y la propia Riestra, a Lizzy, dirigidas por Juan Parodi, formando un equipo que, como ya demostró otras veces (entre ellas con la genial 3340. Con humos de cabaret) que sabe cómo manejarse con soltura en este género que mezcla, sobre todo, humor y música. Casandra y Lizzy, solas y desoladas, esperan ansiosamente que alguien las rescate. Pero el fango en el que se hunden no es sólo el del pantano donde se cobijan.Intercalando canciones, bellamente interpretadas por las actrices, el personaje de Casandra remite a esas mujeres en blanco y negro, distantes, frías e implacables (hasta con sus propios hijos) que componían magistralmente Davis, Crawford, Lana Turner, Gloria Swanson y hasta la mismísima Greta Garbo. Con el tono de un castellano neutro y nasal, típico de los doblajes y los gestos ampulosos de estas mujeres que parecían llevarse el mundo por delante, Gago y Riestra recrean con exactitud ese imaginario que tan bien volvió a reinterpretar el escritor Manuel Puig. De hecho, en sus novelas, esas criaturas idolatradas solían enredarse con la chatura pueblerina. Y es ésa atmósfera la que rescata este espectáculo. Estas mujeres, aparentemente perfectas, muestran todo el tiempo la hilacha.Lana Turner y su hija Cheryl; Joan Crawford con la suya, Christine; Judy Garland y su sucesora, Liza Minnelli, fueron ejemplos de madres e hijas engendradas por este sistema que más tarde las devoró con los escándalos amarillistas de la época. El drama entre Casandra y Lizzy es tan exagerado que se torna comedia, en diálogos ágiles y llenos de guiños, incluso en los pequeños fragmentos en inglés, subtitulados que sólo suman delirio al disparate general.El texto de Riestra juega con un segmento del filme El suplicio de una madre (1945), en donde aparece la curiosa frase referida a los yacarés, capaces de comerse a su propia cría. Y Casandra y Lizzy lo viven en carne propia.
Sandra Commisso
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Crítica . Portal Crítica Teatral
Por Gabriel Peralta
Observar a dos excelentes artistas como Noralih Gago y Gimena Riestra siempre es un placer.Más si se lo hace dentro de un marco en que se corren de un registro puramente festivo, para adentrarse en un terreno dramático en que sobrevuelan, el humor acido, una parodia al glamour, y cierto rictus de crueldad.En la obra Cariño yacaré, de Gimena Riestra, con dirección de Juan Parodi, las dos actrices tienen la oportunidad de, no solo, tocar distintas cuerdas histriónicas, si no que también cantan –con mucha intensidad e intención-; y bailan con soltura y gracia.Con inteligencia, la obra difumina constantemente los límites de la realidad y la fantasía. En un bello juego de absurdos –en que se respeta rigurosamente los códigos, modismos y clichés “hollywoodenses”- la historia desgranará un juego de muñecas chinas. De esta manera se da como natural, dentro de este universo, la artificialidad en el modo de hablar, el espacio (casi un set de filmación); y el vestuario (desfasado de la circunstancia por la que pasan estas mujeres). Y esto se logra mediante un riguroso y equilibrado trabajo de dirección, ya que cualquier desborde, en algún rubro, quebraría ese mundo tan particular.Ya he hablado del muy trabajo de Gago y Riestra. Las dos artistas se potencian y sacan provecho de sus virtudes y hacen resaltar, sutilmente, las de su compañera de escena. Eso si, causa algo de escalofrío cierto rasgo oscuro que le otorga Gago a su personaje.El diseño escenográfico y el vestuario de Gabriela A. Fernández son estupendos. Tanto el tratamiento espacial, como los objetos, telas, texturas y colores, son imprescindibles para crear ese ámbito único, en que se le rinde culto al impostado glamour de las estrellas de Hollywood.Colabora para crear ese clima de fantasía, el delicado diseño de luces de Ricado Sica, con algunos momentos cinematográficos.En Cariño yacaré el espectador no solo se deleitará con las protagonistas, se reirá con gags de muy buen cuño, y escuchará voces bien timbradas, si no que además saldrá con la sensación de que no todo es tan paradisíaco en las relaciones familiares.
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http://www.criticateatral.com.ar/index.php?ver=ver_critica.php&ids=1&idn=1380
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Crítica Portal Escena71
Por María Gabriela García
e la vida pública y vivir entre los vaivenes y desamores de su madre.Lizzy es fea y lo sabe, porque, entre otras cosas, su dulce mamita se lo hace notar. Sin embargo, sueña con el amor y desea irse con Bob, su amado a la distancia.Casandra tiene un visión apocalíptica de las relaciones entre los hombres y las mujeres. Descree profundamente de la vida en pareja y sólo concibe un encuentro con un hombre para satisfacer deseos sexuales. Una situación de amenaza bélica las reduce a vivir en un territorio misterioso, rodeado de un pantano. El ambiente caluroso, cansino y a la vez intrigante, remite sutilmente a las creaciones de Tennessee Williams, donde todo sucede en medio de atmósferas aplastantes al son de algún lamento sureño.Insectos molestos y noches interminables son el telón de fondo de la relación madre/hija, un dueto que dialoga con la cadencia de un español neutro y la musicalidad de tiempos pasados.
Insectos molestos y noches interminables son el telón de fondo de la relación madre/hija, un dueto que dialoga con la cadencia de un español neutro y la musicalidad de tiempos pasados.El texto, escrito por Gimena Riestra, que interpreta el rol de Lizzi, no tiene desperdicios y propone una agudeza admirable. Dardos que van y vienen, referencias súper imaginativas y una trama fluida que acerca a las protagonistas al abismo, constituyen un espectáculo muy original, dinámico y divertido.La actuación de Noralih Gago permite encarar con fuerza y contundencia a esta madre, que se contornea al ritmo de una sensualidad extrema, para luego pisar fuerte y llenar el escenario con su voz y sus gestos, muy expresivos, aunque esté estática.Riestra, por su parte, también se distingue en la interpretación de su personaje angélico y punzante, que incluye canciones sentidas y airosas y un decir perfectamente neutro.Dardos que van y vienen, referencias súper imaginativas y una trama fluida que acerca a las protagonistas al abismo, constituyen un espectáculo muy original, dinámico y divertido. Cariño Yacaré, un espectáculo imperdible, una bocanada de aire fresco, de música, de sensualidad, de tragicomedia y de talento.
petit diálogo de cariño yacaré
LIZI: No puedo imaginar que todo desaparezca! que hay de nuestras plegarias que hay de Jesús?…
Comentario de Alejandro Liberman. Radio Jay
Cariño Yacaré en la Web
PORTAL YAHOO
REVISTA THE RONDA
http://www.carloslibedinsky.com/espaniol/images/narco_prensa88/Ronda.htm
PORTAL CULTURAR
http://www.culturar.com/notas.php?id=2162&PHPSESSID=5982a5ece8467581e97e0ec0a23276ce
Nota a Noralih en Clarìn
Una comediante todo terreno
Actúa y dirige en teatro y suele acompañar a Marley en "El muro infernal". Y es, para muchos colegas, una actriz de culto.
Pocas personas logran superar, casi por completo, el miedo al ridículo. Y Noralih Gago es una de ellas. Esa condición, no sólo la convierte en una actriz dotada, sobre todo para la comedia, sino que le permite disfrutar de su profesión como si fuera un juego...
http://www.clarin.com/diario/2008/08/16/espectaculos/c-01601.htm
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Casandra Lange a su hija Lizi.
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"Claro que vales, vales mucho mas de lo que pagan por tí".
Lizi a Casandra Lange ( su madre)
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Nota Diario La Nación

Donde los desbordes provocan la risa
Gimena Riestra, Noralih Gago y el director Juan Parodi se nutren de los clásicos del cine hollywoodense
Una madre, una hija, una isla pantanosa y una guerra de esas que nada dejan. El combo que eligió Gimena Riestra para su historia Cariño yacaré -que estrena esta noche, a las 23.30, en el Payró- se completa con datos cruciales que hacen que ni esa madre ni su hija ni el lugar en el que recalaron para huir de una guerra miserable tengan algo de convencional. Ellas son Casandra Lange (interpretada por Noralih Gago) y su pequeña Lizy (la propia Riestra), dos estrellas del Hollywood de los años 50, únicas sobrevivientes de un ataque feroz, y terminal, sobre los grandes estudios de la industria cinematográfica. Como pueden, estas desesperadas mujeres logran hacerse de un bote y llegar a un lugar extraño, pantanoso y solitario, en el que tratan de rearmar sus vidas. De a poco van quedando al descubierto los vínculos entre ellas, retazos de esa historia de brillos y glamour que asoman en un febril intento por tratar de reproducir algo de lo que acostumbraban a vivir en un show o frente a una cámara.
Es la primera vez que Riestra escribe algo para que dirija otro. La actriz está acostumbrada a escribirse, dirigirse, interpretarse, una manera de poner en práctica las ganas desmesuradas de hacer cosas y evitar así quedarse esperando que la convoquen para proyectos ajenos. Pero tantos unipersonales ( Bernarda Alba Canta , Yo soy todo , Gimena... la peor ) la dejaron con ganas de más gente, de otra mirada en la dirección, de un compañero de escena; por eso se puso a escribir ya con la idea de confiarle a Juan Parodi, director -a esta altura, amigo-, que estuvo al frente de El 3340 (con humos de cabaret) , el varieté en el que también conoció a la que ahora será su compañera de camarín y de escena, Gago en persona, otra solitaria consuetudinaria ( Solita para todo ).
Así, Riestra, Parodi y Gago se juntaron para trabajar porque se reconocieron en ciertas huellas que cada uno dejaba en su andar. Una de las claras y que saltaba casi a la vista era la del humor -"básicamente es un humor sin chiste, uno que está dado por la situación", explica Noralih-, otra, el gusto casi enfermizo que tienen por cantar (¡y lo bien que hacen!).
Y el trabajo en conjunto salió instintivamente. Si bien la idea inicial fue de Riestra, el deseo de tener otros cerca ayudó a que los tres compartieran algo de sus roles con sus compañeros. Así, durante un año trabajaron escena por escena aceptando opiniones, objeciones, ideas superadoras en el campo dramatúrgico, en el de la dirección y en el de la actuación. Un buen equipo de tres que, aunque con roles bien definidos, estaba dispuesto a abrirse a la mirada del otro. Claro está que sin una confianza mutua y un gran cariño, semejante propósito no hubiese sido posible. La simbiosis fue tal que ya cerca de la hora de pensar en el estreno les costó adaptarse a que otros empiecen a participar de la historia.
Fueron horas y horas de trabajo en el que no sólo probaban textos y acciones en escena sino que nutrían "ese metabolismo del cine hollywodense" (al decir de Riestra) frente a la pantalla del televisor, por donde pasaron decenas de películas de mediados del siglo pasado. La primera fue ¿Qué pasó con Baby Jane? , con Bette Davis y Joan Crawford. "Soy fanático de esta película, yo insistí en verla porque quería sacar un poco el color de la actuación, que es muy intenso, muy alejado del naturalismo", explica Parodi en su rol de director. Además absorbieron mucho de la biografía de Liza Minnelli, sobre todo en relación con su vínculo con su madre, Judy Garland, así como del libro de Manuel Puig, The Buenos Aires Affair , que hace muchas citas de las películas de esta época.
Por ahí, entonces, anda el tono de Cariño yacaré , uno en las antípodas del naturalismo, donde los desbordes y las emociones fuertes son tan contundentes que no pueden otra cosa que ocasionar risa (al menos eso es lo que supone el trío Parodi, Riestra, Gago).
-¿Por qué se llama así?
Parodi : -Hay una película que se llama El suplicio de una madre , con Joan Crawford, donde ella se pelea con su hija y le llega a decir a una amiga: "Los yacarés tienen razón cuando se comen a sus hijos". Ese choque entre madre e hija está presente en toda la obra: desde el título mismo, en el vínculo entre ellas y en la contraposición insalvable que hay entre el mundo de glamour que añoran y ese en el que les toca sobrevivir.
Verónica Pagés
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1037427&high=desbordes%20risa
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Telam
Buenos Aires, 7 de agosto (Télam).- Las actrices Noralih Gago y Gimena Riestra estrenarán mañana a las 23.30 su obra "Cariño yacaré" en el porteño teatro Payró.
La pieza teatral fue escrita por Gimena Riestra y cuenta con la dirección de Juan Parodi.
Hollywood alrededor de 1950. Luego de los bombardeos a los grandes estudios de la Industria cinematográfica, muchos creyeron que la gente hermosa había desaparecido, pero Casandra Lange y su pequeña hija Lizy lograron escapar a bordo de una improvisada embarcación.
Ahora, junto a un aislado pantano, entre totoras, telones, mosquitos y canciones, recrean su vínculo, lejos de su universo, pero afectadas por ese metabolismo Hollywoodense que las vio nacer.
La hija sueña con un paraíso detrás del arco iris, o una casa en la colina, un bebé y un perro guardián; la madre recuerda sus aburridas tardes en Arkansas recogiendo cacahuates, y sueña con que el National Geographic pague fortunas por tan solo una toma de sus cutículas.
Quizás solo necesitan una palabra de consuelo, una de esas hermosas palabras que se dicen en las películas, pero que en la vida diaria nadie se siente capaz de pronunciar.
Las funciones se realizarán los viernes a las 23.30 en la sala de San Martín 766. (Télam).- ld-
Clarín .
http://www.clarin.com/diario/2008/03/30/espectaculos/c-01401.htm
Nota Diario "La Prensa" 17/08
"Cariño yacaré" de Gimena Riestra. Dirección: Juan Parodi. Escenografía y vestuario: Gabriela A. Fernández. Iluminación: Ricardo Sica. Actrices: Gimena Riestra y Noralih Gago. Payró, San Martín 766. Escrita por Gimena Riestra y dedicada ""a Bette Davis, Joan Crawford, Greta Garbo y Manuel Puig"", como se indica en el programa de mano, la comedia que dirigió Juan Parodi, divierte con excelentes recursos escénicos y muestra la decadencia de una actriz de Hollywood y la relación que mantiene con su joven hija, en la década de 1950. Se presume que alguna calamidad terminó con Hollywood y el dúo sobrevive en algún islote caribeño, entre arbustos y palmeras, mientras la relación madre-hija se desglosa entre los sueños de ambas y una realidad de la que no pueden salir. La madre, de nombre artístico Casandra Lange, añora las supuestas glorias de su pasado en Hollywood, en tanto la hija, Lizy, sueña con un futuro muy burgués con casita en una colina, marido poderoso, hijos y un perro que colme su dicha.








